Nunca deseo suerte a nadie, porque la suerte es la esperanza de los que no tienen más remedio que encomendarse a la providencia. Creo que está todo dicho con ello. Coger el torete por los cuernos, expandir el tapete de billar para multiplicar exponencialmente la posibilidad de carambolas exitosas. Dejar de mirar a los pies, levantar la cabeza, ponerse de puntillas y mirar y buscar las puertas nuevas que probar. Mirar alrededor y comprobar que el horizonte se puede expandir, estirar.
Y aqui estoy, escribiendo sobre mis sensaciones, mis encuentros, mis reflexiones en ese punto de la vida en la que todo cambia, todo es un torbellino y todo se expande.
Un abrazo a todos.

¡Este discurso me suena, colega! Me alegro de que estés por allí, vida nueva y curiosas experiencias te aguardan.
ResponderEliminarSabes que en Barcelona estoy para lo que gustes, ¡un abrazo!