martes, 3 de noviembre de 2009

Tate Modern.

Lo sabía, sabía que esos arquitectos me la iban a jugar.

Para visitar la Tate Modern por segunda vez, me preparé especialmente.


Fuimos unos cuantos a visitar alguna exposición, pero yo decidí entrar solo.

Quería entrar por la puerta lateral poco a poco. Haciendo alguna foto, raspando el ladrillo de la fachada con las manos, respirar hondo y adentrarme en su interior.

Me puse los auriculares. No encontré mejor banda sonora para ese escenario que el mejor disco de jazz de la historia; Kind of Blue de Miles Davis. Me lo puse a tope y allí que fui, un poco emocionado.



Poco a poco, el edificio te engulle, te atrapa y ya no puedes dar marcha atrás. Pero te va avisando de la bofetada que vas a recibir en cuanto pases la puerta. Es inevitable.


Es la segunda vez que un edificio, una mole de simple material genialmente colocado, me hace llorar de emoción. Estoy especialmente sensible, la música de Miles, las ganas de desnudarme y quedarme tumbado entre sus pilares... todo... Herzog y De Meuron han parido la edificación que más me ha gustado de Londres. A ver qué y quién les supera!

1 comentario:

  1. La Tate es insuperable chaval, bueno aqui tenemos un trocito suyo en el Caixa Forum de Madrid.

    ResponderEliminar